jueves, 20 de noviembre de 2008

Del Valle, el pederasta

Ver así a este hombre no produce escalofríos. Ni miedo. Te produce asco, pero porque sabes de quién se trata. Si un buen día te lo encontraras por la calle y se acercara a tí pensarías como mucho que te va a pedir un cigarrillo antes de continuar con su camino y su aire de pobre desgraciado.

Estos pederastas por un lado presuntos, por otro confesos, verdaderos mierdas como seres humanos, corderos "degollaos" de aire desvalido, son un peligro público precisamente porque hasta que no actúan no puedes imaginarte el peligro que tienen.

Hoy los periodistas nos hemos tenido que limitar a esperar en la puerta de la sala donde del Valle había sido citado porque el juicio por abusos sexuales a una menor, su cuarto juicio por abusos sexuales a menores, se ha celebrado a puerta cerrada en el juzgado número cinco de Sevilla.

Según los abogados, del Valle ha reconocido durante la vista que le gustan las niñas de siete u ocho años y que sabe que eso no está bien.

Dejo para otro día hablar del caso de la pequeña Mari Luz, la niña onubense de cuya muerte se acusa a este hombre y cuyo juicio aún no se ha celebrado. Si se demostrara su culpabilidad, una vez más se cumpliría el diagnóstico de mi amigo Paco Pérez Abellán. "Los asesinos, Juan, -me ha dicho siempre- no tienen cara de asesinos. No existe la cara de asesino".

Si no fuera por todo lo que sabemos de él, cuando lo ves en persona como hoy lo hemos visto, Santiago del Valle no parece siniestro. Da asco, sí. Pero también podría dar lástima.
J.T.
La foto es de mi amigo Eduardo Abad

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estos incalificables engendros, desgraciaos ejemplos de la especie, a buen recaudo y a regenerarles si es posible.
Y a las familias que incumplen el sagrado deber de velar por la vida de su progenie (¿qué hacía Mª Luz, una niña de 5 años, por dios, en la calle sola? ¿y qué hacían l@s crí@s de los McCain y sus amigachos solos en una casa extraña mientras ellos se emborrachaban?), que la justicia les incoe por sus irresponsabilidades criminales.
A los medios de comunicación que arrastran con la demagogia infame a las masas que ellos embrutecen más, caiga sobre ellos la historia.
Y a la sociedad que con nuestro silencio canalla dejamos que todo ocurra, cómodamente instalados porque "les pasa a ellos", que el cielo nos juzgue...

Anónimo dijo...

¡Jó!. qué homilía