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jueves, 11 de noviembre de 2010

Apuntes de periodismo, 13. Los "pelotazos" de Millás y el Follonero

Juan José  Millás
Ya lo dejó escrito mi amigo Roberto el mismo domingo, con el olfato que le caracteriza: la entrevista de Juan José Millás a Felipe González de ese día en "El País" y la del Jordi Évole (el Follonero) a Eguiguren esa misma noche en La Sexta eran periodismo puro.

Periodismo puro hecho por un escritor y un humorista.

Los excelentes trabajos de Millás y Évole ponen de manifiesto una vez más lo que tanto he repetido aquí: periodista no es quien tiene un certificado sino quien sabe contar historias o hacérselas contar a quienes entrevistan, quienes saben sacar información jugosa y ponerla en valor.

Eso es lo que demostraron Millás y Évole el domingo. Pasan los días y lo que les dijeron Felipe y Eguiguren sigue trayendo cola. Continúa interesando porque quienes se enfrentaron a los personajes supieron extraerles frases no sólo interesantes, sino de enorme repercusión.

Jordi Évole
- "Lo tengo", -confiesa Millás que pensó cuando Felipe le dijo que impidió volar la cúpula de ETA cuando la tenían localizada en una reunión en Francia y añadió que a día de hoy no sabe si hizo lo correcto. "Puse cara de póker", -cuenta el escritor. Eso es un periodista tenga o no tenga título.

Y el Follonero preguntándole al mediador por las cosas que hablaba con los terroristas durante los recesos que hacían para comer.... ¡Magistral!

Una vez más lo repito: Hacer periodismo es tener talento y olfato. Que tu trabajo no pase desapercibido. Que se hable de él y que tenga repercusión.

La capacidad que hace falta para conseguir eso no se enseña, ni mucho menos, en las facultades.

J.T.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Diez cosas de Felipe en su entrevista con "El País" de este domingo que me han llamado la atención


1. Que a los 68 años, y habiendo sido presidente de gobierno, continúe teniendo sin resolver el tema de la vivienda. Un consuelo.

2. Que como todo separado en nuestro país, el que se ha tenido que buscar la vida y marcharse de casa ha sido él.

3. Que su novia se llama Mar y le gusta el cine.

4. Que las películas que ven las ven en casa.

5. Que piensa en el sueldo del Consejo de Estado para cuando no tenga ya otra cosa.

6. Que se la suda todo un poco y que hace y dice lo que le viene en gana.

7. Que tiene seis nietos y dos hijos a punto de convertirse en cuarentones.

8. Que "si se lo propusiera", en dos años podría ganar dinero suficiente para comprarse un piso en Madrid, "ahora que están baratos".

9. Que aún conociendo los mecanismos de especulación financiera, es tan santo bendito que no los usa (o tan perezoso).

10. Que es tan disciplinado como militante que hasta somete los artículos que escribe en prensa a la supervisión del partido antes de publicarlos. ¿Quién le dará el visto bueno? ¿Rubalcaba? ¿Blanco? ¿Leire Pajín y ahora Marcelino Iglesias?

J.T.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Joaquín Soler Serrano



Inagotable cantera de talentos radiofónicos, Catalunya tiene entre sus pioneros del medio a Joaquín Soler Serrano, quien desde este martes nos espera ya al otro lado tras noventa y un años por estos lares.

Trasladó Soler Serrano su dominio del oficio en la radio a la tele y allí presentó en los sesenta y setenta del siglo pasado desde musicales a concursos unos mejores que otros, eso sí. Pero hubo un programa con el que dio la campanada a mitad de la década de los setenta. Se llamaba “A fondo”.

“A fondo” fue un programa de entrevistas por el que pasaron todos los personajes-personajes que había vivos en el mundo fundamentalmente de habla hispana hace treinta y cinco años. Esos personajes que a todos los que nos dedicamos a esto nos hubiera gustado conocer.

Las entrevistas que Soler Serrano les hizo a Josep Pla, Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti o Alejo Carpentier son a mi juicio de lo más memorable de la historia de la televisión. También estuvieron en su plató Dalí, Cela, Alberti o Cortázar entre otros muchos.

Sin prisa, en un decorado sobrio –por supuesto en blanco y negro- y como si se tratara de dos amigos de charla tras la sobremesa, Soler Serrano le sacaba a sus entrevistados durante la hora larga que duraban aquellas conversaciones bastantes cosas que hasta entonces muchos de ellos no habían dicho nunca en público.

En homenaje a Soler Serrano, yo apostaría por recuperar en la tele de hoy – y creo que no propongo una utopía- aquel tipo de entrevistas: enciclopédicas, pausadas, cómplices, tiernas y duras a la vez pero siempre tan ricas como para tomar nota casi de cada frase.

De hecho Planeta las recopiló y editó hace algún tiempo y por Internet circulan como verdaderas joyas algunos fragmentos e incluso vídeos enteros de muchas entregas de “A fondo”.


Salve, admirado Joaquín. En tu honor, ahora que te has muerto, quiero reivindicar desde aquí un ápice al menos de aquella dignidad que transpiraban tus entrevistas de “A fondo”. Hago votos porque tu legado, ahora tan ponderado, no se quede sólo en lo preceptivo de un obituario.

Entrevistas como las tuyas aún son posibles en televisión, Joaquín. Así quiero creerlo y así lo reivindico. En tu honor, maestro.

J.T.

martes, 7 de septiembre de 2010

Dimé cómo haces el "canutazo" y te diré qué tipo de "plumilla" eres




Gran guardia a la puerta de una reunión que puede ser de banqueros, empresarios, sindicalistas, políticos o profesores de autoescuela. Horas de espera: sale alguien para hablar, un portavoz que va a hacer declaraciones ante quinientos micrófonos y tropecientas cámaras.

Hay que buscarse la vida para el canutazo. Durante el tiempo en que se forma el corrillo en torno al que va a hacer declaraciones, que pronto quedará semioculto por un bosque de micrófonos y grabadoras pegaditas a su nariz , descubrimos las distintas especies de redactor que existen en el negocio:

El caradura. Hace como que se quiere hacer un hueco hasta que alguien de los mejor colocados acaba diciendo bueno va, trae el micro que te lo tengo yo

El tímido. Trata inútilmente de hacerse un hueco mientras le comen el terreno. Al acabar se le ve preguntando a unos y otros: oye, ¿qué ha dicho?

El solidario. Se le ve siempre con su micrófono y otros dos o tres, entre ellos el del caradura y el del tímido

El piadoso. Acaba encontrando un hueco justo delante mismo del entrevistado, pero se tiene que poner de rodillas, rodeado de brazos, piernas y sudores, para no molestar a las cámaras

El que se complica la vida y se la complica a los colegas. Mete codo, mete prisa, mete el micro por encima de los demás. Ese micro, le gritan los cámaras, pero a él se la sopla

El listo. Espera a que acabe la maraña y luego trata de hablar a solas con el entrevistado. La mayor parte de las veces se come un mojón

El digno. Prefiere no enterarse antes que pugnar por hacerse un hueco. Ya lo cogeré luego de agencias, dice

El narcisista. Lleva inalámbrico, así que puede elegir sitio sin agobios. Casualidad: siempre lo encuentras detrás del entrevistado, frente a todas las cámaras sin que éstos puedan sacarlo de plano: se garantiza que ese día su familia lo vea una vez más en la tele a la hora de comer

El enteraíllo pesao. Suele hacer preguntas de diez minutos cuando sus compañeros llevan media hora cámara al hombro y el entrevistado está deseando irse ya

El opositor. Pregunta con datos, quiere dejar claro que se lo sabe todo, se exhibe, se pavonea… un gilipollas.

El agobiao con la hora. Controla qué frase es buena, breve y contundente y cuando la tiene retira el micro y deja el corrillo

El becario descolocao. Están con un ministro conocidísimo, pero a ellos les da igual: ¿me puede decir nombre y cargo?, le sueltan

El que coloca la pregunta de encargo. El entrevistado está hablando de una amenaza de huelga, pero en la redacción central le han encargado que pregunte sobre las últimas inundaciones. Y hasta que no coloca la pregunta no descansa

El showman: Nueva subespecie entre la especie de los plumillas que se reproduce por esporas desde que los programas de televisión sacan los reporteros a la calle a actuar y no a informar. Puede traer para regalarle al del canutazo desde un osito de peluche hasta una camiseta de la selección. O hacer el pino delante de él e invitarle también a que lo haga

J.T.

lunes, 6 de septiembre de 2010

El periodismo “declarativo”


Hace unos días recomendaba yo en este blog a quien quiera dedicarse a este oficio en condiciones, que hiciera lo posible por no verse obligado a practicar el periodismo "declarativo”. Explico qué es por si alguien no lo sabe:

Los redactores jefes que permanecen de guardia los días festivos en los medios, sobre todo en los medios públicos y en las agencias, saben bastante de la tortura que supone esta modalidad periodística

- Riiiing, oye soy el jefe de prensa de… Mira, que queremos hacer unas declaraciones. Se trata de…



No es que tú los llames porque ha saltado un asunto de actualidad y a tu juicio estaría bien contar con su opinión. No: llaman ellos, o sus jefes de prensa

a) porque saben que los días de fiesta cuesta rellenar planillos y escaletas

b) porque los de otro partido han soltado una andanada y quieren replicar

c) porque, y éste es el peor supuesto pero se da bastante, se creen con el derecho

El periodismo declarativo, para empezar, ni siquiera es periodismo. Es declaración, una declaración que no hemos pedido ni buscado.

La cosa va así: alguien decide soltar cualquier burrada que, en la sequía informativa del día de fiesta, con un poco de suerte puede acabar siendo titular y garantiza cierta preeminencia en los diarios del día siguiente. Luego los matinales radiofónicos, que se alimentan en buena parte de lo que traen los diarios, le dan bola... y así rodando rodando se acaban colando en las cada vez más numerosas tertulias de mañana, tarde y noche, todas ellas ansiosas de carnaza…

El periodismo declarativo es perverso en sí mismo

Algunos políticos se atreven a a rizar aún más el rizo, y ya no hace falta ni que sea festivo: se graban ellos mismos por sus propios medios las dos o tres o frases que quieren difundir y lo envían a las agencias, los periódicos y las televisiones: en betacam, dvcpro, dvd, pendrive o todavía más barato, por correo electrónico. Acto seguido tiene lugar la llamada del jefe de prensa:

- Oye, te he mandado unas declaraciones de fulano. Ya verás, están de puta madre, son una bomba

Y tanto que son una bomba, compañeros: una bomba para el futuro de nuestra profesión como no espabilemos

J.T.

domingo, 9 de mayo de 2010

Apuntes de periodismo, 7. Entrevistar a un futbolista




Lo que John Carlin -a quien vemos arriba fotografiado en la plaza de la Constitución de Donosti- ha escrito este domingo en El País resume a mi juicio con acertada precisión las sensaciones que experimentamos quienes, de manera sistemática o esporádica, nos dedicamos a la información deportiva, sobre todo si se trata de cubrir una rueda de prensa después de un entrenamiento:

"... esperar una o dos horas más de lo previsto -escribe Carlin- para tu audiencia con el pequeño rey (porque se demoró en la ducha, porque tenía que rematar el partido de playstation). Y... cuando por fin has conquistado la gloria de tenerle enfrente... te transmite sin ningún disimulo la sensación de que podría estar haciendo cosas mejores (otro duelo de titanes en la play, comprarse otro Ferrari...)

"La insoportable indignidad de ser periodista", titula Carlin su columna. Y lo que cuenta es exactamente así, por muy exagerado que parezca:

"Conseguir una entrevista con un jefe de gobierno o con un líder guerrillero no es fácil, pero es un juego de niños comparado con el calvario de intentar conseguirla con un chaval de 20 años que es millonario gracias a su especial habilidad para patear la pelota".

Y lo que es peor, añado yo, para acabar escuchando una insípida colección de tópicos y lugares comunes: "El fútbol es así", "hay que seguir trabajando", etc... que no sólo no aportan nada sino que te dejan preocupado por la proyección pública que tienen unas frases por lo general vacías, mal hiladas y peor expresadas.


¡Qué poco real es esta foto, qué lejos suelen estar los libros de las pelotas!

Tenía pensado dedicarle un día de estos un post en "Las carga el diablo" a los sudores de tantos periodistas, cámaras y fotógrafos a quienes toca lidiar a diario con estos niñatos ricachones de tres al cuarto, pero la verdad es que Carlin -periodista y escritor cuyas historias han servido incluso, como en el caso del libro que dedicó a Nelson Mandela, para inspirar películas magníficas- lo cuenta estupendamente. Comprobadlo vosotros mismos pinchando aquí.


J.T.