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jueves, 20 de enero de 2011

Tertulia en el desayuno de "La Esquinita"

 "La Esquinita de Arfe", en Sevilla, el cuartel general de nuestros desayunos durante años

- Oye, Juan, ¿a ti no te parece que últimamente a la gente se le ve con más cara de cabreo que nunca?

Mi amigo Antonio, que me prepara cada mañana desde hace años unas tostadas con aceite de auténtico concurso, es un observador privilegiado de la vida en estado puro. Desde su esquina en "La Esquinita...", detrás de la barra, escruta a diario el comportamiento humano con la perspectiva suficiente para que sus diagnósticos sean, por lo general, infalibles.

Si Antonio dice que la gente está cabreada, es que la gente está cabreada.

- Las hipotecas, la falta de curro, los problemas en el trabajo... -apostilla su compañera Sandra, que se encarga de prepararme los cafés con mucho café y poca leche cada mañana.

- Cabreada, pero como aletargada -añade a mi lado un cliente habitual que da buena cuenta de una inimitable tostada de queso fresco y jamón york. Hasta que se les inflen los güebos y salten.

- Un amigo mío, líder social andaluz -les digo yo, me reconoció hace poco que podría bastar una chispa para que llegue el día en que la gente reviente y veamos en las calles incluso algún conato de revuelta.

- Bien, pero mientras tanto -remata uno de los tenderos del barrio, vete poniéndome media con aceite y jamón, Antonio. Y el café, Sandra, bien cargadito como tú sabes, guapa.



J.T.

lunes, 17 de enero de 2011

No me conformo. Diez desahogos

No me conformo ni acepto el fatalismo que admite que las cosas son como son y que no pueden ser cambiadas.

No me conformo ni me creo que no se pueda discutir lo que dictan los llamados mercados.

No me conformo con la moda de meter miedo para que nadie saque los pies del tiesto

No me conformo con la caradura de quienes ofrecen mantener un trabajo pero a cambio de bajar sueldos y hacer perder derechos

No me conformo ni acepto, como argumento para que traguemos con carros y carretas, que la crisis es la crisis y que a partir de ahí a joderse tocan

No me conformo con el aumento de la precariedad, ni con el crecimiento del paro o la indefensión de los currantes ante quienes los contratan mientras éstos se frotan las manos porque se ha decretado barra libre para los desaprensivos.

No me conformo con la pasividad de tantos que parecen haber sido anestesiados con litros de cloroformo para evitar que se rebelen frente al descaro de banqueros, políticos, empresarios y financieros varios

No me conformo ni quiero pagar las consecuencias de los atropellos perpetrados por especuladores y tiburones sin vergüenza ni piedad

No, no me conformo con la impunidad de personajes como Berlusconi, ni con la televisión basura, ni con la complicidad tácita de quienes, pudiendo, no evitan tanto desmán.

No me conformo con el panorama cultural, social, político y económico que veo, vivo y sufro


J.T.

"Basta!" La Mafalda de Quino ya estaba así de cabreada... hace casi cuarenta años

jueves, 11 de noviembre de 2010

¡¡¡Tengo un amigo que ha terminado de pagar la hipoteca!!!


Mi amigo JP es cámara de televisión.

Mi amigo JP acaba de pagar su último plazo de hipoteca.

De la alegría, se ha puesto a celebrarlo y se ha quedado sin saldo en la cuenta hasta final de mes.

Mi amigo JP lleva en la batalla muchos años, le gusta lo que hace y procura realizar su trabajo, aparte de con la competencia que todos le conocemos, con la mayor decencia posible.

Cuando coincido con él en una guardia la verdad es que me lo paso bien. Suele poner el dedo en la llaga cuando habla y así lo ha hecho al cambiar impresiones sobre los cada vez más tenues límites que existen entre los informativos y los programas de televisión.

-Juan, es que últimamente vamos a las mismas cosas, coincidimos en las mismas coberturas.

-Siempre hay alguna diferencia, compañero -le digo intentando más templar gaitas que llevarle la contraria.

-Puede, pero la verdad es que hago cuentas y me hubiera salido mucho más rentable dedicarme al "corazón", que a fin de cuentas lo que muchas veces hago es prácticamente lo mismo. Por lo menos habría ganado más pasta y si lo hubiera decidido hace años, hace mucho tiempo que habría acabado de pagar la hipoteca.

- La tienes pagada ya, le digo. Y sigues haciendo lo que quieres hacer. Y eso, querido amigo, es para sentirse orgulloso. Aunque tengas temblando el saldo de tu cuenta corriente.

J.T.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La crisis y los libros de autoayuda


John Kenneth Galbraith (1908-2006)

Corría el año setenta y tres del siglo pasado. Había estallado la primera crisis del petróleo y sesudos economistas de todo el mundo buscaban soluciones a lo que se nos venía encima. Fue entonces cuando el canadiense-estadounidense Galbraith, cansado de análisis a su juicio inútiles, dijo lo siguiente:

- No sé por qué nos empeñamos una y otra vez en buscar soluciones para salir de la crisis. De lo que se trata –añadía Galbraith- es de aprender a vivir “instalados en la crisis”.

Y desde entonces, con este consejo-dictamen, vamos tirando en el mundo mundial. Casi cuarenta años han pasado y aquí estamos, continuando… para bingo.

Instalarse en la crisis, cualquier crisis, admitir que existe, buscar la manera de vivir nuestra vida a pesar de la crisis, con la crisis o por encima de la crisis, es sin lugar a dudas una inteligente opción sobre todo para quien sabe ver, más pronto que tarde, que es difícil que exista otra.

De ahí que cada vez que veo en cualquier revista de prensa aquello de “diez consejos para ser feliz”, o “rompa con todo y busque su verdad” o “eres lo mejor del mundo, te lo digo yo”, no pueda evitar recordar la idea de Galbraith: “Aprender a instalarse en la crisis… y punto pelota”

Los libros de autoayuda son un excelente negocio para los editores. Superventas año tras año, en los escaparates más accesibles cambia a menudo el autor, el título, la portada o la manera de venderlos. Pero todos los mandamientos que recitan estos libros se resumen en dos: El primero: Sé tú mismo -ahí queda la chorrada-. El segundo: Mientras me hagas caso, me compres, me leas y me recomiendes el editor y yo nos lo continuaremos llevando crudo.

¿Libros de autoayuda? Puede, si hay a quien le vale… Pero a mi juicio, el mejor libro de autoayuda es asumir el dictamen de Galbraith: dejarse de leches y aprender a vivir “instalados en nuestra propia crisis”.


J.T.

jueves, 13 de mayo de 2010

La llamada del primo de Zumosol



Me cuesta trabajo imaginar en qué medida acabará repercutiendo en esta humilde delegación de provincias el tijeretazo de quince mil millones de euros anunciado este miércoles en el congreso. Repercutir nos repercute seguro. Lo que todavía no sé es cómo ni cuándo.

Mientras me coloco en posición de ser porculizado con el mínimo dolor posible me vienen a la mente frases escuchadas hace sólo unos días y que a fecha de hoy suenan ya a coña:

- no restringiremos...
- no consentiremos...
- no rebajaremos...
- no renunciaremos...
- no recortaremos derechos adquiridos...

Los que me conocen saben que yo suelo citar mucho, para ilustrar la manera de proceder de los caraduras, aquel viejo dicho argentino (¿o no es argentino?) de "prometer hasta meter y una vez metido, nada de lo prometido"

Y en eso creo yo que andamos con nuestro otrora admirado zetapé quien, apenas lo ha llamado el primo de Zumosol, ha tardado apenas horas en decir digo donde decía diego y se la ha envainado hasta el corvejón: super recorte en derechos sociales y los ricos, para variar, de rositas. ¡Ea!

Lo gracioso es que el también otrora esperanzador Obama haya tenido que transmutarse en primo de Zumosol de aquellos a los que tanto zetapé como él iban a poner firmes nada más llegar al poder.

Descojonándose por las esquinas deben estar los especuladores, las grandes multinacionales, banqueros y demás barandas que tienen la sartén del mundo por el mango mientras Obama y zetapé les hacen el trabajo sucio jodiendo a los de siempre.




J.T.

lunes, 2 de marzo de 2009

Las cajas andaluzas y las fusiones



Nos toca este lunes ocuparnos en los informativos del anuncio de fusión entre Unicaja y Caja Castilla La Mancha y, como quien no quiere la cosa, se me va la memoria a casi cincuenta años atrás.

El paisaje de los bancos en mi niñez almeriense se reducía al Español de Crédito -hoy Banesto- y al Central -hoy absorbido por el Santander-. Después llegaron el Bilbao y el Vizcaya (que ahora forman parte del BBVA). Y en esos cuatro bancos estaban depositados los pocos ahorros que se movían en mi tierra por aquel entonces.



Cuando fui cumpliendo años supe que los señores que mandaban en esos cuatro grandes bancos y quienes formaban parte de sus consejos de administración vivían, prácticamente todos ellos en Neguri, el barrio de los ricos en Bilbao.

Es decir: los beneficios del poco dinero que se movía en Almería iban a parar a los bolsillos de adinerados prohombres que residían en Neguri.

En toda Andalucía sucedía prácticamente igual. Estaban, eso sí, los Montes de Piedad y Cajas de Ahorro, entidades mangoneadas en un buen porcentaje por la iglesia católica y que tardaron bastantes años en ser algo más que refugio de exiguas cartillas de ahorro y lugares de empeño de alhajas para familias en apuros.




Todo empezó a cambiar con rapidez en la década de los setenta: los catalanes de la Caixa y los madrileños de Cajamadrid se convirtieron en entidades financieras potentes y se expandieron por todo el país. Las cajas andaluzas, por su parte, empezaron a espabilar y a fusionarse entre ellas, pero sin la fuerza suficiente para contrarrestar el peso específico en esta región de vascos, catalanes y madrileños.

Cuando llegaron los bancos extranjeros todo se aceleró, pero en Andalucía pudieron más las rivalidades provinciales -que si la sede de una caja andaluza única ha de estar en Málaga, que si ni hablar, que en Sevilla- y el camino empezó a andarse con excesiva lentitud.





De las catorce cajas de ahorro que llegó a haber en Andalucía, todavía viven cinco tras sucesivas y largas fusiones parciales. Las que quedan son la Caja de Jaén, Caja Granada, la cordobesa Cajasur (aquí la iglesia sigue teniendo mando en plaza), la sevillana Cajasol y la malagueña Unicaja.




Juntas serían increíblemente fuertes pero ¡ay!, los localismos y las rivalidades regionales mal entendidas llevan años entorpeciendo y ralentizando un proceso abierto en un terreno muy competitivo en el que es bien sabido que al que se despista se lo acaba llevando la corriente.




Este lunes Unicaja, con su presidente Braulio Medel a la cabeza, ha decidido tirar por la calle de enmedio y crecer al margen de sus "hermanas" andaluzas. Ha anunciado su fusión con Caja Castilla La Mancha, presidida por Juan Pedro Hernández Moltó, y ambos lo han hecho con los parabienes políticos de los mandamases de las dos comunidades y también con la anuencia de la autoridad monetaria, es decir, del Banco de España.




Los entresijos de esta historia ya los iremos conociendo con el tiempo. Pero de momento, celebrando lo que pueda tener de positivo, no deja de chirriar que una caja andaluza tenga que salir fuera de la Comunidad para crecer porque para hacerlo desde dentro no acabamos de entendernos.

Está claro que se nos ha olvidado nuestra propia historia: aquellos años en que los beneficios de nuestro dinero iban a parar a otros lares porque fuera sí sabían organizarse. Las cosas han cambiado mucho y para bien, es verdad, pero ¿cómo era el dicho? ¿algo así como que quienes olvidan su historia corren el riesgo de volver a repetirla? Pues eso.




J.T.