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domingo, 13 de febrero de 2011

Nefertiti parece más contenta


Nefertiti está hoy muy contenta. A Nefertiti, como diría mi amigo Rafa de Miguel, se le ha puesto una sonrisa que recuerda la de la Gioconda.

Las medidas de seguridad que rodean la sala del museo Neues de Berlín donde se encuentra desde hace apenas un año parecen este sábado un poco más relajadas.

El sábado pasado estaba más seriota, como si en su expresión pudiera reflejarse la incertidumbre que estaba viviendo su amado país. ¡Quién le iba a decir a ella que más de tres mil años después de su muerte, el Egipto de su alma iba a estar en el punto de mira del mundo entero porque las protestas pacíficas de la gente de la calle iban a conseguir finalmente acabar con treinta años de dictadura y opresión!.

Este sábado, Nerfertiti parece celebrar con su expresión lo que está pasando en la tierra que ella tanto amó. Hasta su vaciado ojo izquierdo parece estar menos vacío.

Seguro que Nerfertiti ha escuchado las múltiples comparaciones que se han hecho en esta últimas veinticuatro horas entre la caída del régimen de Mubarak y la caída del muro de Berlín. El Museo Neues donde ella se encuentra, la isla de los museos, está en lo que fue Alemania del Este hasta 1989. Así que ella sabe bien lo que significó que el muro acabara derrumbándose por la fuerza de los hechos: sin disparos, sin violencia, sólo por la presión de la gente, como ahora sus paisanos del 2011 han hecho en la plaza de la Liberación de El Cairo.

Nefertiti está contenta. Nefertiti sonríe, es verdad, querido Rafa de Miguel. Ya no es sólo la Gioconda en el Louvre. Desde ahora, también Nefertiti, en el Neues Museum de Berlín, esbozará una sonrisa que, seguro, quien sepa captar el guiño, la verá.

Analizo un poco más su expresión y capto su sonrisa, sí, pero también su preocupación. Porque ni siquiera ella sabe muy bien cómo puede acabar todo esto.

J.T.

viernes, 11 de febrero de 2011

Pequeño paseo por Berlín

 
Zigzagueo entre los dos mil setecientos once bloques de cemento inmunes a pintadas -todos con la misma dimensión en su base pero con distintas alturas- que homenajean en pleno corazón de Berlín a las víctimas del nazismo y no puedo evitar experimentar un turbador escalofrío.
Clase de historia berlinesa entre los bloques de cemento que recuerdan a las víctimas del nazismo

El emplazamiento geográfico de este monumento en memoria del Holocausto tiene sus bemoles: doscientos metros hacia el norte se encuentra la emblemática puerta de Brandenburgo; doscientos metros hacia el sur, el descampado bajo el que permanece sepultado el búnker donde Hitler se suicidó: un parking al aire libre tapona y disimula este horrible lugar cuyo emplazamiento está poco divulgado.
Patricia y Jacobo camino del monumento en memoria del Holocausto y del búnker de Hitler. Al fondo, la puerta de Brandenburgo

- La mayoría de los berlineses desconocen dónde se encuentra el búnker, nos dice Jacobo, el competente asesor que este jueves nos ayuda a entender un poco mejor las tripas de la ciudad.
Justo bajo este descampado está sepultado el búnker donde Hitler pasó los últimos días de su vida

El búnker de Hitler, el monumento a sus víctimas y la Puerta de Brandenburgo se encuentran en territorio del antiguo Berlín Este, alineados los tres a escasos metros del lugar por donde discurría el muro que mantuvo incomunicadas durante 28 años (1961-1989) las dos partes de la ciudad.

- Berlín es una ciudad que tiene mucho morbo, me dice Luis, compañero de trabajo de mi hija Patricia.

La verdad es que, en poco más de un siglo, se han concentrado demasiados acontecimientos aquí que han evidenciado la ejemplar capacidad de Berlín para reinventarse, para renacer, para empezar de cero una y otra vez.
El Parlamento (Reichstag), cerca de la zona por la que nos movemos, lo demuestra: destruido por un incendio en 1933 (sospechoso y nunca bien aclarado episodio que sirvió a Hitler para acaparar todo el poder y abolirlo), machacado y denostado durante casi sesenta años, mostró al mundo todo su esplendor de nuevo en 1999 cuando los parlamentarios regresaron de Bonn.
Todo su esplendor, con la impresionante guinda de la cúpula transparente diseñada por Norman Foster. Una cúpula abierta al público que permite a los asistentes observar a los diputados mientras estos asisten a las sesiones parlamentarias.
Abierta al público… pero hasta hace poco. Ya no. Al menos de momento. Vallas y policías controlan ahora el acceso, cuyo flujo –eran famosas las horas de espera necesarias para conseguir visitarla- se ha dosificado desde el pasado verano. Incluso ha permanecido completamente inaccesible durante varios meses por amenaza de atentado.

No se aburre uno aquí.

J.T.

jueves, 10 de febrero de 2011

Visita a la tumba de Bertold Brecht

Bertold Brecht

La casa de Berlín en la que Bertold Brecht pasó los tres últimos años de su vida, entre 1953 y 1956, se encuentra en la parte oriental de la ciudad, en el número 125 de Chausseestrasse, y está muy cerca del apartamento donde, desde hace un par de años, reside mi hija Patricia. Estoy unos días con ella y nos ha parecido buena idea conocer el lugar donde trabajó y murió el gran escritor.

Es una casa de tres plantas, con buhardilla y sótano. En una de ellas se celebran actividades y encuentros culturales, otra está dedicada a restaurante y el resto funciona como museo.

La casa donde murió Brecht en 1956. Chausseestrasse, 125. Berlín

Justo al lado de donde vivió Berltod Brecht se encuentra el cementerio Dorotheenstädlicher, en el que reposan los restos del escritor junto a los de Helene Weigel, su segunda mujer. Este miércoles hemos querido ir a rendirle homenaje a su tumba.

Nuestras sombras, proyectadas sobre la tumba de Bertold Brecht en una de las pocas mañanas de sol en Berlín durante todo lo que va de año

El gran dramaturgo alemán, autor de obras tan memorables como "Madre Coraje", "El señor Puntila y su criado Matti" o "El círculo de tiza caucasiano", también fue un estupendo poeta que dejó para la historia un generoso florilegio de sentencias memorables.

Frases que los universitarios españoles de hace ya bastantes años utilizábamos con frecuencia en nuestras conversaciones y hasta colgábamos con chinchetas en las paredes de nuestro cuartos escritas con letras de molde.

Durante los instantes que permanezco este miércoles frente a la tumba de Brecht honrando su memoria, he recordado alguna que otra frase suya, pero sobre todo una -bastante conocida- que me ha acompañado casi toda mi vida y que continúo colgando en las habitaciones de trabajo de las casas en las que he ido sobreviviendo hasta ahora:

«Hay hombres que luchan un día
y son buenos,
otros luchan un año
y son mejores.
Hay quienes luchan muchos años
y son muy buenos,
pero están los que luchan toda la vida,
y esos son los imprescindibles»

Así que continuaremos luchando.

J.T.