jueves, 10 de septiembre de 2009

Una perturbadora coincidencia




En las coberturas informativas de ayer había dos temas de tribunales que este jueves reflejan las primeras páginas de los periódicos y cuya repercusión a mí me irrita especialmente, sobre todo después de ver las fotos en los kioskos. Creo que, se quiera o no, hay algo en la perturbadora coincidencia de la que os voy a hablar que puede invitar a que se establezcan paralelismos contra natura.

El primer asunto era en Madrid: Garzón camino del Tribunal Supremo pero para declarar como imputado: el superjuez interrogador iba a ser esta vez interrogado, merced a una triquiñuela urdida por unos cuantos retrógrados que quieren buscarle las vueltas por haber "osado" hurgar en una de las asignaturas más escandalosamente pendientes de nuestra historia: se trata de reparar la memoria de aquellas víctimas de la guerra civil que quedan sin enterrar dignamente y cuyos cadáveres llevan setenta años criando malvas en muchas cunetas de España.


El segundo asunto era en Sevilla: un impresentable niñato que reconoce haber matado a su novia pero que no dice dónde está el cuerpo comparece una ocasión más ante el juez del caso para vacilarle en su cara y cambiar por enésima vez su versión de los hechos.


Primera vergonzosa constatación: había más cámaras, más unidades móviles y más revuelo en torno a este asunto en los juzgados de Sevilla que en la comparecencia de Garzón en Madrid ante el Supremo.

Y segundo bochorno de los de tierra trágame: situadas en el kiosko, intercaladas las portadas en las que se veía a Garzón camino del Supremo con las del principal imputado en el caso Marta del Castillo camino del juzgado de Sevilla, parece una perversa jugada del destino que los dos asuntos hayan venido a coincidir en el tiempo.

Y en cuanto al tratamiento de ambos asuntos, el espacio que han ocupado en los periódicos o el tiempo que se les ha dedicado en televisión a cada uno de ellos, prefiero no hacer comentarios. O bueno sí, éste: se me cae la cara de vergüenza.

J.T.

martes, 8 de septiembre de 2009

Apuntes de periodismo, 1

Hace tiempo que pensaba incluir aquí de vez en cuando un apartado que estuviera dirigido a los estudiantes de periodismo. Un modesto hueco dedicado a mostrarles qué cosas de las que observan con frecuencia en los medios no se deberían hacer nunca. Qué cosas no se deberían hacer si queremos llamarnos periodistas, preservar la poca dignidad que pueda quedarle al oficio y mirarnos al espejo cada noche sin que se nos caiga la cara de vergüenza por lo que hayamos hecho o dicho durante el día.

Mira por dónde, el inefable diario El Mundo me brinda la oportunidad de inaugurar la sección. Aquí tenéis la foto que publicó este lunes siete de septiembre abriendo en portada a cinco columnas y con este titular: "El Psoe jalea puño en alto que Zapatero suba los impuestos"



La agencia Reuters ha denunciado que tal foto no corresponde a ninguna de las que distribuyeron entre sus abonados, que se trata de la suma de estas dos:





Como puede fácilmente comprobarse, Zapatero no tiene el mismo gesto en las dos fotos. ¿Qué ha pasado ahí? Cuando yo estudiaba periodismo a este tipo de descaros le llamaban manipulación. O montaje, como a tantas cosas ha llamado el mundo a lo largo de su historia (recuérdese, p.e., el caso Exuperancia). Claro que si el montaje lo hace el mundo, a lo mejor hay que llamarlo servicio público, o "pequeño retoque en aras de un país mejor". Un país en el que si no hay más remedio que tolerar a los rojos, al menos que no levanten el puño, hombre. Que lo levante Alfonso Guerra que ya está mayor el buen señor vale, pero niñas de treinta años como Pajín o Aído, eso ya... Y si para ilustrar este discurso hay que manipular, pues se manipula ¿no es eso?


Lo dicho, amigos aspirantes a periodistas: aquí os dejo un bonito ejemplo de lo que nunca debéis hacer cuando trabajéis en esto si tenéis un poco de vergüenza


J.T.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Elegir entre trabajo o salud

De vez en cuando nos toca darnos una vuelta por el Polo Químico de Huelva. Esta vez ha sido para compartir unas horas con José y sus 55 compañeros de trabajo. Están encerrados en Nilefós, la fábrica de fosfatos donde han acudido la mayor parte de su vida a ganarse el sueldo.



José y sus compañeros están encerrados procurando no gastar ni luz porque el empresario los ha dejado tirados. Desaparecido en combate, se ha marchado a su país y no quiere saber nada ni de la fábrica ni de los trabajadores.




He comprobado que hay en Huelva, y en más sitios, gente que se alegra porque vayan petando las empresas del Polo Químico. Así, dicen, Huelva dejará de ser la ciudad más contaminada y con mayor número de cánceres por habitante.



Controvertido dilema el que enfrenta intereses mediambientales y laborales. Los representantes sindicales de los comités de empresa de las fábricas del Polo Químico desmienten que sus actividades sean nocivas. Los ecologistas contratacan con mil argumentos relacionados con la salud y explicando que, por ejemplo, las balsas de fosfoyesos de la zona emiten radicación 27 veces por encima de lo permitido.
Un lío.


J.T.

martes, 1 de septiembre de 2009

Escribir con el objetivo



Mis mejores amigos periodistas han sido o son fotógrafos. Desde Germán Gallego a Eduardo Abad pasando por César Lucas, Castellví, Morenatti, Alex y Gilberto de mi época de Cambio16, Antonio Chávez, Marina Bernal o Julián Rojas... todos han escrito y escriben estupendas historias con el objetivo.

Se trata de colegas que cuando estás en la faena constatas cómo corren más que tú, unos máquinas que ven las historias mucho antes que tú y las resumen en una imagen o dos... mientras que tú necesitas como mínimo varios párrafos para intentar aproximarte a su propuesta gráfica.

Yo no sé si a lo que han sido y son todos estos amigos míos se le llama fotoperiodismo o sencillamente "periodismo", pero el caso es que me he acordado de ellos y de muchos más que aquí no nombro cuando he leído en El País este martes una crónica de Bertrán Cazorla firmada en Perpiñán y que titula "El fotoperiodismo en la UVI". Transcribo aquí algunas de las citas que he encontrado en la crónica:



"El futuro pasa por un divorcio entre la prensa y los fotógrafos, que se buscan la vida por otros caminos"



"Obtener noticias de verdad es muy caro. La profundidad cuesta dinero"



"Por todo un reportaje, las revistas pagan hoy lo que cuesta un hotel en el país donde se elabora".



"Con lo digital cualquiera se puede sentir fotógrafo. La diferencia "sólo se ve en el trabajo a largo plazo"

Mis queridos colegas, y yo mismo, sufrimos una época de transformación constante que exige readaptarse en el oficio, qué duda cabe. Pero el alma de la historia que se cuenta en una foto, ese aliento único y mágico, irá siempre unido a la impronta de quien la ha escrito con una sola instantánea.

Son mis amigos los fotógrafos. Más periodistas que nadie.


J.T.

jueves, 13 de agosto de 2009

Costo a granel






Ana y su compañero del equipo de fin de semana estaban haciendo tiempo mientras llegaban camiones. Aquella mañana de sábado en el puerto de Algeciras iban a elaborar un reportaje sobre una máquina capaz de detectar a cierta distancia los latidos del corazón de un ser humano. Objetivo: localizar los posibles inmigrantes ilegales infiltrados en los bajos de los camiones que atraviesan el Estrecho.
Hasta que llegaran los camiones decidieron grabar recursos, planos de la actividad rutinaria en la aduana para ilustrar con imágenes lo que iban a contar en la pieza.

- ¿Podemos seguir al perro que detecta la droga cuando lo saquéis a "trabajar"? -le preguntaron a la guardia civil.
- Sin problema
Así que Ana se dispuso a filmar todo el proceso, desde que el perro sale del lugar donde descansa habitualmente hasta el momento en que comienza a olfatear coches. Acababa de llegar un barco de Tánger y el perro se fue a por el primer coche de la fila.



Casi dispuesta ya para filmar el pase del primer al segundo coche Ana comprueba que el perro se entretiene más de lo normal, que sitúa sus patas delanteras sobre la ventanilla, su particular manera de decir que quiere que le abran la puerta.


El perro repasa la alfombra bajo el conductor, también la que hay bajo el asiento de su acompañante...



... es una pareja marroquí con un niño de cuatro años; el perro comienza a marcar: delante, en el maletero... entre bajos y maletas... ¡bingo: doscientos kilos de hachís!




Una de dos: O Ana tuvo mucha suerte al conseguir filmar estas imágenes, suerte inversamente proporcional a la de la aparentemente inofensiva familia pillada in fraganti, o el trasiego de costo en el Estrecho sigue siendo tela.
Gracias a dios.





J.T.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Mi amigo Morenatti ha perdido una pierna en Afganistán



Conociéndolo como lo conocemos mi amigo Eduardo Abad, que fue su jefe en la delegación regional que la agencia Efe tiene en Sevilla, y yo hemos llegado a la misma conclusión:

Seguro que a Morenatti lo que más le preocupa de lo que le ha pasado -una bomba afgana explotó ayer al paso del tanque estadounidense en el que Emilio había elegido viajar para hacer su trabajo- no es haberse quedado sin pierna. Lo que más le preocupa, estamos seguros, es la repercusión mediática que va a tener su caso.




Morenatti, Emilio Morenatti, periodista de raza, siempre ha procurado cumplir con el undécimo mandamiento del buen periodista: pasar desapercibido. Y es que los periodistas somos testigos, no protagonistas. Somos correas de transmisión, no estrellas del mundo del espectáculo.
Emilio, como tantos de nosotros, está en esta locura porque le gusta contar historias, historias vividas en primera línea, historias en las que hay que ser testigo, estar en el sitio para poder contarlas.




Emilio, a sus treinta y cuatro años -ahora tiene cuarenta- decidió darle una considerable vuelta de tuerca a sus inquietudes, pidió la excedencia en la agencia Efe y se largó con Associatted Press a hacer lo que siempre quiso. Consiguió su sueño: ser testigo con su cámara de lo que ocurre en lugares como Afganistán, Pakistán o Gaza, lugar este último donde por cierto lo secuestraron, aquella vez con desenlace feliz, en octubre de 2006.




Hace seis meses le concedieron un premio internacional que reconocía el valor de su trabajo. No sé qué hará Emilio a partir de ahora con su pierna amputada. Pero de una cosa estoy seguro: se las arreglará para continuar contando las historias que siempre soñó contar.


J.T.

martes, 11 de agosto de 2009

¿Estamos cambiando?


La selección que hemos emitido ha sido escasa pero tenemos muchos testimonios grabados. Mis compañeras Ana y Patricia han gastado la mañana, igual que los colegas de otros medios, en la estación de tren de Santa Justa, en Sevilla. ¿La razón?




Una tromba de agua y granizo caida ayer en Toledo inutilizó la línea del Ave y quienes viajaban en ese momento hacia Madrid se vieron obligados a pasar la noche donde les pilló o volver a Sevilla pero corriendo ellos con los gastos si tenían que dormir fuera de casa. Renfe no se hace responsable de contratiempos atribuibles al clima.



Durante buena parte del día ha continuado el caos, la desinformación y la incertidumbre. Unas dieciocho horas en total. Pues bien, ninguno de los pasajeros a los que hemos entrevistado, más de una docena, ha perdido las formas. Han visto cómo se les iba por las alcantarillas casi un día completo de sus vidas, algunos han perdido conexiones con vuelos internacionales en Barajas, los han mareado con informaciones contradictorias, les han colocado autobuses tarde, mal y descoordinados, se han visto obligados a gastar un dinero extra que dudan recuperar...






Y a pesar de todo eso no hemos visto nervios ni histerias ni malas formas. A lo sumo algún exabrupto puntual: civilización pura, vamos: relajados, sonrientes, y la mayoría bien vestidos y aseados porque la media ponderada del personal era bastante presentable. Esto empieza a parecer el extranjero. Algunos de nuestros compañeros, micrófono en mano, metían los dedos todo lo que podían por si acaso, pero ni así.

Igual es un espejismo, igual hay que atribuirlo al relax de agosto pero si no son esas las razones, ¡hay que ver cómo estamos cambiando!


J.T.