domingo, 15 de agosto de 2010

Asociaciones de la Prensa


Que levante la mano el menor de cuarenta años a quien pertenecer a la Asociación de la Prensa le haya servido de algo, como no sea pintar la mona con un carguito.

Que levante la mano quien al terminar la carrera haya corrido ilusionado a inscribirse en la Asociación de su provincia y no haya comprobado enseguida que la cosa queda, como mucho, en un número de registro, un carnet y una cuota.

Que levante la mano quien considere que pertenecer a la Asociación de la Prensa le ha servido para algo más que para seguro médico (donde eso ocurra), cesta en navidad (donde aún se mantenga la costumbre) o, en el caso de Sevilla, para un pase de entrada a la caseta en la feria.

Que levante la mano quien, desamparado por la empresa para la que trabaja, haya gozado del apoyo de la asociación cuando su puesto de trabajo, su sueldo, su futuro o su dignidad hayan estado amenazados.

Ni como lobby valemos. A los médicos no hay quien les tosa. Los abogados no digamos. Y si hablamos de los arquitectos… Así podría seguir con todos los colegios profesionales… menos el periodístico.

Salvo cuatro “estrellas” o veinticuatro cargos ejecutivos, el resto somos carne de mileurismo, de una cada vez mayor precariedad en el trabajo ante cuya evidencia las asociaciones de la prensa miran para otro lado.

Pero yo los entiendo

Poco pueden hacer… salvo disolverse

J.T.

sábado, 14 de agosto de 2010

Los malos ganan "casi" siempre



Se me había olvidado hasta el nombre (he tenido que buscarlo en google), lo que prueba que tendemos a borrar de nuestro disco duro personal aquello que nos desagrada recordar.

Giovanni Orefici (arriba vemos sus pintas en la época en que acudía a los juzgados a declarar) era un italiano que recaló por Málaga a finales de los ochenta y se quedó con una empresa llamada Intelhorce de una manera cuando menos discutible.

Juan Antonio Barber me llegó un día de 1991 con una información que comprometía al italiano en cuestión. Aquella información fue contrastada, rigurosamente verificada y por lo tanto, publicada.

Claro que os tengo que añadir un pequeño detalle: el tal Orefici era accionista minoritario de Diario16 Málaga, el periódico que yo dirigía por aquel entonces y en el que publiqué la información.

Los jefes de Madrid se rasgaron las vestiduras y se precipitó un relevo que desde hacía algunos meses estaba cantado.

Mi director en Madrid, director del Diario 16 nacional, era por aquel entonces Justino Sinova -de éste sí recuerdo su nombre aunque no me hubiera importado olvidarlo-.

Cuando le visité en su despacho para despedirme, Justino me dijo:
"¿Cómo publicas una información que perjudica a alguien que nos paga el periódico?"

Año y medio después metieron al italiano en la cárcel -estuvo poco más de dos años- y Diario 16 fue diluyéndose lentamente como un azucarillo hasta desaparecer por completo, lo que complicó la vida a muchos queridos compañeros míos.

Cuando echaron a Justino le pagaron la indemnización con un bmw de intercambio de publicidad y desde entonces va dando tumbos cada vez más a la derecha del padre pedrojota, quien acabó perdonándole no haberse ido con él a fundar el mundo y lo acogió en su seno al cabo de los años.

Esta vez los malos pagaron algún precio. Alguno, porque el italiano acabó huyendo a pesar de haber sido condenado a diecisiete años, y hasta hoy. Pero ojo, queridos amigos. Esto es algo que suele suceder pocas veces. Porque como ya he contado en alguna que otra ocasión, los malos suelen ganar casi siempre.

J.T.

viernes, 13 de agosto de 2010

El gran hermano nos vigila

Cada vez es más frecuente encontrarte, cuando entras en cualquier establecimiento público, esta señal


En muchos lugares matizan que lo hacen "por tu seguridad"

Por tu seguridad se están quedando con tu cara y por tu seguridad también observan tus movimientos durante todo el tiempo que te pones a tiro. Y además, los archivan.

Te controlan y te graban en centros comerciales, en tiendas grandes y pequeñas, en edificios de oficinas, en cualquier ventanilla donde vayas a resolver un papeleo, en el metro, en los hoteles, en cada vez más calles… y hasta en los taxis. Siempre por tu seguridad, eso sí.


A todo esto hay que añadir ahora el control en el centro de las ciudades de las matrículas de los coches para multarte si te entretienes más de un determinado tiempo en la zona sin ser residente (en Sevilla en breve el tope de estancia de un coche “intruso” será de 45 minutos. Al centro de Granada ya es que no te dejan ni entrar…)

Si hasta los gobiernos locales violan abiertamente la intimidad de los ciudadanos no hablemos ya en clave nacional o internacional con la neura que provocan las amenazas de bin laden y compañía.

Pero por mucha amenaza que exista, me parece muy fuerte que entre todas las cámaras que pueden llegar a grabarnos en un día se pueda recomponer lo que cualquier ciudadano anónimo haya hecho en una jornada desde que sale de su casa hasta que regresa.

¿Corren las sociedades modernas el riesgo de convertirse en Estados parapoliciales con la excusa de la amenaza terrorista? La universidad de Aranjuez programó este verano un curso, dirigido por mi amigo Manuel Cerdán, que estaba dedicado a profundizar en esta pregunta. Una cuestión para la que, al margen de lo mucho que el asunto se presta y se prestará al debate, me temo que lamentablemente conocemos ya alguna respuesta.


El Gran Hermano, sin duda, cada día nos vigila más. Y mejor. Así que cuidadito con meterte el dedo en la nariz y hacer bolitas tan pancho o rascarte alegremente la entrepierna pensando que no te está viendo nadie. Te equivocas

J.T.

La información deportiva como catapulta en el oficio periodístico

Se faja uno mejor escribiendo o hablando sobre el Madrid o el Barça, sobre Contador, Lorenzo o Nadal que hincándole el diente a un debate sobre el Estado de la Nación o a una información sobre fusiones de cajas de ahorro, ¡qué duda cabe!

Quizás sea ésta la razón por la que muchos profesionales que llegaron a presentar informativos en televisión comenzaron haciendo sus primeros pinitos en Deportes: Olga Viza, Matías Prats, Vicente Vallés, Manu Carreño… y otros mucho comenzaron a soltarse ante las cámaras hablando de deportes.

Matías Prats y Olga Viza

Una vez le pierdes el miedo al cristal parece que ya puedes disertar ante la cámara sobre cualquier cosa. Adquirido el oficio, parece como si el contenido se amoldase a ti en lugar de ser tú quien hubiera de ceñirse al contenido.

El periodista deportivo tiene que llenar a diario muchos minutos (radio, tv…) o muchas páginas (prensa, revistas…) Necesita buscarse la vida cada jornada mucho más que el de información general para cumplir sus objetivos.

Así que cuando llegado el caso cambian de registro y les toca hablar de un terremoto, de un rifirrafe político o de una convulsión bursátil, no les resulta complicado abordarlo con similar desenvoltura a la que utilizaban en su época de deportes. El que comienza en información general ha de adquirir el desparpajo con temas mucho más áridos. El que lo hace en deportes quizás pueda permitirse un punto más de relajo.

El reto quizás sea despojar a la información deportiva de un cierto toque casposo que pocos medios, aunque hay algunos, parecen preocupados por pulir.

En el diario “El País”, Alex Grijelmo pasó de trabajar en departamentos como Edición o Sociedad a ser responsable de la sección de Deportes del periódico, una sección en la que da gusto leer cómo se escribe sobre fútbol, baloncesto o motociclismo por ejemplo. Entre las secciones deportivas la del País yo creo que es de las mejor escritas que conozco. Presidente de la agencia Efe desde 2004, Grijelmo sueña ahora con ingresar en la Academia de la Lengua tras haber publicado varios libros sobre el uso del idioma.

Otro histórico del País, Alfredo Relaño, dirige desde 1996 el diario deportivo “As” y se nota.

J.T.

jueves, 12 de agosto de 2010

La caverna, a sus anchas



Acaparan los digitales en Internet, colonizan las autonomías en las que gobierna la derecha disfrutando de jugosas licencias para difundir sus exasperados mensajes, ganan por goleada en número de radios y periódicos afectos…. El discurso fascistoide o directamente fascista abunda cada vez más en los medios de comunicación ya sean los de toda la vida, ya sean hijos de las nuevas tecnologías.

La verdad es que yo daría cualquier cosa por tomármelo como mi querido jefe José María Izquierdo: con el sentido del humor y el arte de fino estilista con que lo hace a la hora de clavarles el aguijón analizando, con la retranca que le caracteriza, aquellas frikadas que perpetran a diario estos ultramontanos en los innumerables medios que tienen a su disposición.

Pero mucho me temo que mi querido Josemari es la voz que clama en el desierto porque los fachas lo acaparan prácticamente todo: a radios, periódicos, e internet hay que sumarle ahora la tdt, inundada de emisoras con un mensaje tan retrógrado y reaccionario que te retrotrae a aquella etapa de la transición en la que periódicos como “El Alcázar” o “El Imparcial”, de vocación directamente golpista, nos ponían los pelos de punta a diario cuando veíamos sus portadas en el quiosco.



A veces me tengo que frotar los ojos y sacudirme los oídos para creerme que lo que veo y oigo en emisoras como intereconomía, veo7, cope televisión, estv y algunas otras de la misma calaña, no es estricta y exclusivamente producto de mi imaginación. Me cuesta mucho asumir, la verdad, que lo que sueltan por sus boquitas lo piensan de verdad.



Los de la derecha más dura, y eso que lo tienen todo –menos el boletín oficial del estado, eso es verdad, al menos de momento- están desaforaos, desmelenaos, deslenguaos…. Desataos, vamos. Y los otros sin espabilar, con todas sus miserias al aire perdiendo el tiempo con peleas para ver a quién ponen de candidato en Madrid o en Guadalajara, ¿serán capullos?

Miedo me da el otoño, el invierno y la primavera que nos esperan… Con toda la caverna mediática ladrando mañana, tarde y noche, la crisis aplastándonos y las elecciones municipales a la vuelta de la esquina.

J.T.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Ruedas de prensa sin preguntas, ¿acudir o no acudir?



En materia informativa, la previsión es justo lo contrario de la noticia. Noticia es aquello que nadie espera, aquello que se produce contra toda previsión. En la medida en que algo es menos imaginable, se convierte en más noticia cuando sucede.

La noticia es la materia prima de la que está hecha la información. No todas, sino más bien pocas informaciones, son realmente noticia. Pero todo lo que es noticia necesita un soporte informativo para propagarse.

Noticia es lo que conseguimos saber a pesar de los esfuerzos que el sujeto que la protagoniza puede llegar a hacer para evitar que se propague.


En el periodismo la noticia es el objetivo, la esencia, la razón de ser de un oficio cuya tarea es contar historias. Y en toda noticia hay siempre una o varias historias buenas detrás.

Para contar historias, para propagar noticias, el periodista debe estar en la calle. El periodista debe tener un cierto punto de "cazador" que le permita acertar con la pieza propicia para alimentar su historia diaria. Todo lo contrario, en resumen, a lo que se ha dado en llamar “periodismo de convocatoria”.

Tengo amigos redactores jefes que me lloran desconsolados cuando nos contamos nuestras vidas: A primera hora de la mañana han de enfrentarse a la carpeta del día repleta de convocatorias repetitivas, insulsas, innecesarias…, pero por razones fácilmente adivinables que si queréis desarrollo aquí otro día se ven obligados a mandar sus equipos a cubrir esa clase de convocatorias de tres al cuarto.

Resignados, o lo que es peor, habituados a una triste dinámica que los sumerge en la rutina y en la apatía, la mayor parte de los redactores de medios acaban así adaptándose a la inercia de los horarios (el horario es el mayor enemigo del buen periodismo), al periodismo de convocatoria y cuando llegan a su puesto de trabajo sueltan la peor de las preguntas que puede formular un periodista: "Muy buenas, ¿qué hay para hoy?"

¡Qué horror! Un periodista no pregunta nunca qué hay para hoy, hombre. Debe saber ya lo que hay, imaginar lo que interesa o, interesado él por un asunto concreto, debe convencer de su interés al jefe para que éste le "compre" la propuesta y le permita ponerse a la tarea que él ha sugerido.


Tendría que ser factible hacer huelga de brazos caídos frente a las convocatorias rutinarias. Habría que poder dejar de cubrir aquellos actos en los que antes de empezar uno puede imaginarse lo que va a decir “la parte convocante de la primera parte”.

Y en caso de ser inevitable, habría que apostar por poner en apuros permanentes a quien osa convocar una rueda de prensa sin nada interesante que decir.

Claro que todavía puede ser peor. Porque se convocan ya muchas ruedas de prensa en las que no se admiten preguntas.

Saludo optimista, contento y hasta escéptico la iniciativa que parece van a poner en práctica los informativos de televisión española: no acudir a aquellas ruedas de prensa en las que no se admitan preguntas. Un buen comienzo.

J.T.

Merienda en la sede del opus


El jefe de prensa del opus dei en España me había invitado aquel día a merendar en su sede central de Madrid. Le pedí permiso a mi jefe Ramón Colom para aceptar la invitación y me lo concedió

- ¿A qué debo el honor?

- Nos gustaría conocerte, me dijo Luis Gordon. Estaban listas las pastas y el café y no tardé en saber de qué iba la cosa:

Había emitido Informe Semanal un reportaje firmado por mí sobre las finanzas del Vaticano en el que, según ellos, había algunas “inexactitudes” que querían puntualizarme.

Lo hicieron

Me puntualizaron y me “ficharon”. A partir de entonces, cada 24 de junio recibí puntualmente durante años una cariñosa felicitación. Por mi santo me felicitan mucho por teléfono y esemeese. Pero por carta lo que se dice carta con sello de correos incluido y cartero mediante, sólo me felicitan El Corte Inglés y el Opus Dei. Por mi santo y por navidad.

Cambiaba de trabajo y de ciudad y rápidamente tenía a alguien de la obra “preocupándose” por mí en el sitio donde me instalaba. Llegaron a invitarme a reuniones y a retiros a los que, lógicamente, asistí. Desde mi vocación de cotilla profesional, no me hubiera perdonado nunca haber desperdiciado oportunidades así.


No sé por qué perdí el contacto. O sí lo sé. En años posteriores a los de aquellas aventuras decidí bajarme de algunos trenes y prescindir de muchos oropeles entre los que, sin demasiada gana pero era un hecho, me había movido durante bastante tiempo.

Debí dejar de parecerles interesante. ¡Qué alivio!

J.T.