sábado, 8 de agosto de 2009

La Memoria seguirá viva




He conocido a quienes mueven en Huelva el Foro por la Memoria. La Diputación de su provincia ha puesto en marcha una iniciativa pionera que consiste en facilitar el acceso a través de Internet a los 180.000 documentos sobre los consejos de guerra en los que se juzgó a cinco mil onubenses entre los años 1936 y 1943.

Que la Diputación de esta provincia andaluza haya hecho esto facilita mucho el trabajo de quienes, como los miembros del Foro por la Memoria de Huelva, se dedican a investigar qué diantres pasó con aquellos paisanos que tras resistirse a secundar la sublevación fascista del dieciocho de julio fueron asesinados o nunca más se supo de ellos.

He conocido a algunos dirigentes del Foro de Huelva, como Aída, Félix o Pedro y me he llevado una gran alegría ¿por qué?



Pues porque los tres andan apenas por los treinta años. En la foto de arriba vemos a Félix Ramos en el centro y a Pedro Feria a su izquierda. Para mí es una agradable sorpresa constatar la existencia de jóvenes treintañeros que dedican horas y horas a una empeño hasta ahora atribuído básicamente a viejos nostálgicos.

Pedro, Aída y Félix me contaron que están muy preocupados porque los pocos ancianos que les pueden aportar testimonios directos de lo que vivieron en la guerra se les están muriendo por días: cada vez les quedan menos de ellos vivos y lúcidos y hay que darse prisa en recopilar todo lo que se pueda, me dicen.




Que quienes están empeñados en que no se abandone la investigación en torno a todo lo que tiene que ver con la reparación de la Memoria Histórica tengan treinta años y no setenta garantiza que la búsqueda de la verdad tiene varias décadas de trabajo aseguradas mal que les pese a los profesionales de poner palos a las ruedas de la bicicleta.

La edad de estos tenaces currantes sumada a este momento de eclosión de las nuevas tecnologías -los documentos en Internet, a un golpe de click- le ponen cada vez más difícil salirse con la suya a quienes no dudan en recurrir al juego sucio para pasar página. Lo tienen crudo.


J.T.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Brindis por cuatro amigos

Julián, Sol, Eduardo, Antonio. Cuatro compañeros, cuatro amigos con los que en algún momento de mi vida profesional compartí mesa de trabajo, inquietudes, conspiraciones, peleas, decepciones... también alegrías. Los cuatro se han marchado en los últimos quince días.

Con Julián y con Antonio viví aquellos años triunfales de Zeta en los que Interviú se comía el mundo. Aquellos últimos setenta antes del golpe de Tejero, aquel período llamado "de transición" en el que por publicar cualquier gilipollez nos citaban cada dos por tres para declarar en los juzgados.



Con Sol tuve el honor de figurar en la plantilla del Informe Semanal de los primeros ochenta, cuando el país se paraba los sábados -sólo había una televisión todavía- para ver los reportajes del programa.


Y con Eduardo fumábamos mesa con mesa y nos peleábamos por el cenicero -sí, entonces se podía fumar en la redacción- él en la sección de Cultura y yo en la de Internacional del Cambio16 de los últimos ochenta.




Eran Julián Lago, Sol Alameda, Eduardo Chamorro y Antonio, el fotógrafo Antonio Catalán del que mira por dónde no tengo foto. Con Antonio y con su hermano Pepe viví momentos gloriosos primero en la calle Alcántara y luego en la calle Potosí de Madrid. Un día Antonio, con apenas treinta años, mandó Zeta a tomar por culo y decidió instalarse con su pareja en una casita perdida por las montañas de una isla balear.

El tiempo nos fue llevando a cada uno por distintos sitios. No sé para ellos, pero para mí
aquella época marcó mi manera de entender no sólo el periodismo sino también la vida.
Fueron años de cocerse a fuego lento en ambientes irrepetibles.

Ahora ellos ya se han ido. En menos de quince días nos han dejado los cuatro. Yo, por todo lo que de ellos me queda en la memoria y en las tripas, continuaré bebiendo a su salud.



J.T.

martes, 4 de agosto de 2009

Obama contra el victimismo



Ser negro y vivir en un barrio pobre no son razones para ir de víctima por la vida, para tener malas notas o abandonar los estudios.

He comentado tantas veces en las últimas dos semanas algunas de las ideas que, como la que transcribo más arriba, expuso Obama en el discurso que pronunció el pasado diecisiete de julio ante varios grupos de afroamericanos que he decidido resumirlas aquí.

1. ¡Basta de excusas! "Tenemos que decirle a nuestros hijos: sí, si eres afroamericano, las posibilidades de crecer entre la delincuencia y las bandas son mayores; sí, si vives en un barrio pobre, te enfrentarás a dificultades que algunos en los barrios residenciales ricos no tienen que sortear. Pero eso no son razones para tener malas notas, eso no son razones para faltar a clase o para abandonar los estudios. ¡Basta de excusas! Nadie ha escrito tu destino por ti. Tu destino está en tus manos. ¡No hay excusas!"




2. Horizonte ilimitado "Para los padres, no basta con mandar a nuestros hijos a la escuela y luego abandonarlos cuando llegan a casa. Tenemos que aceptar nuestras responsabilidades. Eso quiere decir dejar un rato el video juego y ayudar a tu hijo a hacer sus deberes. Leerles, protegerles y llevarlos a la cama a una hora razonable. ¡Dejen de decirle a sus hijos que, porque son de cierta raza, hay cosas que siempre les estarán limitadas¡ ¡Quiero que vean un horizonte ilimitado!".





3. El listón, siempre alto "El dolor de la discriminación todavía se siente en Estados Unidos. Pero eso no justifica que los padres negros abandonen a sus hijos ni los condenen a la desesperanza o a los papeles secundarios en este país. Quiero que aspiren a ser científicos e ingenieros, doctores y maestros, no sólo jugadores de baloncesto o raperos. Quiero que aspiren a ser jueces del Tribunal Supremo o presidentes de Estados Unidos".

Creo que lo que Obama le dice aquí a los negros vale para cualquier colectivo o persona con tentaciones victimistas. El político gitano Juan de Dios Ramírez Heredia retomaba el testigo el pasado veintiocho de julio en el diario El Mundo y sugería cambiar la palabra negro por la palabra gitano en el discurso de Obama y proponer a los gitanos españoles -setecientos mil hay censados- esforzarse para conseguir llegar a ser ministros, secretarios de Estado o ¿por qué no? directores de la Guardia Civil.




La información completa sobre el discurso de Obama, aquí. Y si queréis leer íntegro el artículo de Ramírez Heredia aquí lo tenéis también.





J.T.

lunes, 3 de agosto de 2009

Setenil de las Bodegas


Este fin de semana he conocido Setenil de las Bodegas. Nadie me había hablado nunca de este pueblo andaluz de apenas tres mil habitantes del que hoy continuaría sin saber nada si una feliz casualidad no me lo hubiera puesto a tiro.

Aunque pertenece a la provincia de Cádiz, Setenil linda con las provincias de Málaga y Sevilla: está entre Ronda y Olvera, muy cerca de la sierra de Grazalema. Un lugar ideal para perderse y disfrutar en el que este primero de agosto apenas si había visitantes de fuera.


En buena parte de las casas, bares y comercios de Setenil sólo ha habido que construir las fachadas: el resto, paredes y techos, es roca pura. Bajo las rocas discurren incluso calles con casas-cueva a ambos lados, calles delineadas de manera paralela al curso del rio de la localidad, cuya profundidad -que no su caudal actual- hace pensar que lleva siglos horadando esas rocas que ahora conforman una arquitectura imposible de crear con escuadra y cartabón.




En plena canícula agosteña, la temperatura en Setenil el pasado fin de semana era muy agradable
y las vistas, mires el pueblo desde donde lo mires, me parecieron a caballo entre lo mágico y lo imposible.



Desde arriba -cuando llegas al pueblo no lo ves porque se esconde hasta que estás prácticamente encima- Setenil de las Bodegas impresiona. Y ya cuando desciendes por sus cuestas de infarto y te adentras en sus rincones de diseño natural no puedes menos que quedarte boquiabierto y preguntarte cómo nunca antes habías oido hablar de un sitio así.



Y para remate, la gastronomía: lo bordan. En resumen, que he vuelto con un sabor de boca excelente. Como estoy seguro que será el vuestro si os animáis a visitarlo.

J.T.


P.D. No conozco a nadie en Setenil ni me anima otra intención al hablar bien del lugar que no sea la fascinación que me ha producido visitarlo.




jueves, 30 de julio de 2009

Una jornada en Motril



Uno a uno, el joven voluntario de Cruz Roja les va explicando en exquisito francés que se les proporcionará ropa limpia y calzado seco. Es el kit de bienvenida, cuidadosamente dispuesto en una bolsa que se les entrega antes de señalarles el camino de la ducha. El joven voluntario sólo les hace dos preguntas: qué número calzan y qué edad tienen.




Los guardias civiles que les han transportado hasta el puerto de Motril y los policías llevan mascarillas, la verdad es que el olor que desprenden es fuerte: olor a sudor, a suciedad y a esperanzas rotas. Todo esto mezclado pide a gritos un cambio de ropa rápido. Vienen de Camerún, dicen, y al menos diez de los treinta y siete visten camisetas del Barsa que han atravesado el estrecho con ellos: camisetas con los nombres de Henry, de Eto'o... de sus paisanos triunfadores.

Hacía un mes que no llegaba ninguna patera a Motril, hemos venido hasta aquí para hablar de esto con el patrón de Salvamento Marítimo y con el responsable de Cruz Roja, y éste último nos anuncia cuando nos ponemos en contacto con él que a la una y media de la tarde -son poco más de las doce del mediodía- va a llegar una lancha con treinta y siete subsaharianos rescatados a treinta millas de la costa.

Ha habido un mes de inactividad aquí en Motril, pero el goteo no cesa. En total han llegado a este puerto en lo que va de año un centenar de inmigrantes más de los que lo habían hecho el año pasado por estas fechas. No se resignan a su suerte por mucho que les adviertan de que las cosas llevan un tiempo bien jodidas por estos pagos.

Sus caras... las he visto tantas veces, pero no por eso dejan de impresionarme cada vez que presencio la liturgia que sigue a su llegada al puerto a bordo de la lancha de Salvamento Marítimo: no puedo evitar ponerme a imaginar qué historia habrá detrás de cada uno de estos jóvenes negros que bajan del barco camino del centro donde los retendrá la policía hasta que se tramite su regreso a casa.





Unos cojean, otros nos miran serenos, otros obedecen las instrucciones de la guardia civil sin rechistar. Podrían salir corriendo, no están esposados... pero no lo hacen. Obedecen, se someten. Se han jugado su vida y su futuro a cara o cruz y esta vez ha salido cruz.

En muchos de sus rostros observo expresiones que transmiten una determinación y una perseverancia innegociables: volverán a intentarlo apenas puedan. Nadie llora, todos guardan silencio en la fila que la policía ha organizado frente a la Cruz Roja del puerto de Motril para que el joven voluntario continúe preguntándoles uno a uno en exquisito francés qué número de pie calzan y cuantos años tienen.


J.T.

lunes, 27 de julio de 2009

La ley del menor o quién le pone el cascabel al gato

Noticias sobre violaciones múltiples a niñas de trece años perpetradas a su vez por menores de edad me han recibido a porta gayola a mi vuelta de vacaciones.

La primera fue en Baena (Córdoba); víctima: niña de trece años; lugar: la piscina municipal de la localidad; agresores: cinco niños menores de edad -uno de ellos su ex noviete- y un sexto de veintidós años.



La segunda, apenas dos días después de conocerse la historia de Baena, ocurrió en Isla Cristina (Huelva) la madrugada del sábado dieciocho de julio; víctima: niña de trece años; lugar: la playa del pueblo, a donde la llevaron desde las casetas de la feria; agresores: siete niños menores de edad, dos de ellos menores incluso de catorce años, por lo que no se les puede imputar delito alguno.




Meando fuera de tiesto como casi siempre, a los portavoces del partido popular les faltó tiempo para poner a parir la ley del menor. Resumieron y simplificaron los ataques argumentando que se trata de una ley que protege más a los verdugos menores de edad que a las víctimas menores de edad.

Este asunto es un debate jurídico, social y humano de enjundia, un espinosísimo tema al que los especialistas llevan años dándole vueltas sin encontrarle una solución que satisfaga a nadie cuando ocurren casos como los de Baena o Isla Cristina. Eso es verdad. Y la solución, como sea, creo que todos estamos de acuerdo en que hay que encontrarla cuanto antes.

Hay que encontrarla cuanto antes, sí, pero hay que encontrarla desde hace mucho tiempo.

Me tocó vivir muy de cerca hace nada menos que nueve años el caso de las niñas de San Fernando (Cádiz) ¿Os acordáis? Dos niñas de diecisiete y dieciséis años llamadas Raquel e Iria asesinaron a sangre fría una primaveral noche de sábado a su amiga Clara, también de su misma edad, en un descampado frente a uno de los acuartelamientos militares de la zona. Cuando las detuvieron explicaron que, entre otras razones, habían matado a su amiga para experimentar qué se siente viendo morir a un ser humano.




¿Dónde están ahora Raquel e Iria? Con los nombres cambiados y tras cumplir en centros de internamiento de menores un máximo de ocho años, que es lo que establece la ley del menor, han tenido la posibilidad de rehacer su vida y el crimen que cometieron ya es historia.

Me abstengo de meterme aquí en un charco haciendo cualquier tipo de comentario. Pero sólo quiero recordar una cosa: aquel mayo del año dos mil en el que Clara murió a manos de sus amigas en un descampado de San Fernando el partido popular llevaba ya cuatro años gobernando y aún le quedaban otros cuatro.

La ley del menor no la tocaron.


J.T.

domingo, 26 de julio de 2009

Yo estuve allí




Creo que para un periodista supone un gran privilegio poder ser testigo directo de acontecimientos como la visita a Gibraltar del primer ministro de un gobierno español que lo hace desde que la Roca pasó a ser británica en 1713.

Por eso me gustó figurar entre los informadores que el martes 21 de julio estábamos en el hotel Rock escuchando en rueda de prensa a Miguel Angel Moratinos, nuestro ministro de Asuntos Exteriores junto a Peter Caruana, ministro principal de Gibraltar y David Milliband, ministro de Exteriores del Reino Unido.

Las imágenes que hemos visto de esa reunión creo que son fieles a lo que allí pasó: tres políticos muy distantes en sus planteamientos, enfrentados en puntos de difícil encuentro, pero dispuestos a pesar de todo a hablar de lo que se pueda hablar pasando por alto lo que les separa y las milongas y complejos de quienes se empeñan en anclarse sólo en eso, en lo que separa.

Creo que Moratinos, Milliband y Caruana ofrecieron el martes 21 una clase práctica de cómo hacer las cosas en la vida por muy difíciles que se vean algunas soluciones. Que los tres se fotografíen juntos y con las manos entrelazadas, con el peñón de la discordia de fondo, sólo puede tener lecturas positivas. Es fundamental que los vecinos se lleven bien y se visiten, por qué no. Es fundamental para cualquier cosa, pero más aún para gestionar los contenciosos.

Me ha gustado que este paso haya sido posible. Me ha gustado que hablen, que hablen de diálogo y cooperación - recordemos que antes de Gibraltar ya habían hablado en Córdoba en 2006 y en Londres en 2008- y que aparquen los brindis al sol reclamados con denuedo por sectores, medios y partidos que me devuelven a la memoria olvidadas resonancias fascistas. ¡Qué pesados!

La foto de Gibraltar es una lección de la que aprender para comportarse en la vida. Sólo aparcando lo que nos separa y potenciando lo que nos une hay vida, futuro y... paz. Sobre todo paz, mucho más útil, agradable y necesaria que apalancarse en orgullos casposos y pasados de fecha.




Por eso me gustó ser testigo. Por eso me gustó estar el martes en Gibraltar. Lo ví, lo viví y siempre podré contarlo.


J.T.