jueves, 22 de enero de 2009

Por favor, un micrófono para los jueces ya



Eran ochenta y cuatro venerables señorías, ochenta y cuatro jueces y juezas sevillanos y sevillanas -ahí queda eso- reunidos y reunidas en asamblea este martes desprovistos y desprovistas de togas y demás pompas.



Compañeros de un señor de apellido Tirado cuya indolencia a la hora de actuar en el caso del presunto asesino de la pequeña Mariluz Cortés ha puesto en marcha una insólita, surrealista y esperpéntica bola de nieve.




Cincuenta y tres de los ochenta y cuatro presentes en la asamblea votaron sí a una huelga de jueces el próximo 18 de febrero que de llevarse a cabo sería inédita. Ni entre ellos, ni entre los 19 que votaron en contra, ni tampoco entre las 12 abstenciones estaba Tirado Márquez, quien parece vivir instalado en el pánico a un inesperado, y nada deseado por su parte, encuentro con la prensa.

Los periodistas sí estábamos allí, al otro lado de la puerta donde se celebraba la asamblea de jueces. Sin dar crédito, escuchábamos a sus señorías discutir a voces, pegar unos gritos más propios de una asamblea de estudiantes o de una reunión de comunidad de vecinos que de los honorables miembros de una judicatura en cuyas manos está a diario la vida y hacienda de muchos miles de ciudadanos cuyos expedientes reposan meses o duermen años en sus despachos.




Los gritos eran verdaderos gritos, podéis creerme: una bronca en toda regla,vamos. Por eso nos quedamos estupefactos cuando, tras finalizar la trifulca, el juez portavoz lo explicó de la siguiente manera en la rueda de prensa : "No ha habido bronca, lo que pasa es que en la sala donde estábamos reunidos no había micrófonos. Y como no tiene micrófonos, todos tenemos que gritar. Y entonces desde fuera parece que hay bronca..."

Sin comentarios, salvo quizás reflejar lo que me dijo Ana, mi compañera y amiga reportera gráfica, cuando acabó la cobertura: "De chiste, ¿no, Juan?".
Un micrófono, por favor. Ya



J.T.

miércoles, 21 de enero de 2009

Concentración de periodistas en Madrid el 13 de febrero

Miles de empleos de periodistas están amenazados, perdidos o a punto de perderse. Las condiciones de trabajo de los profesionales de la información se deterioran en la mayor parte de las redacciones ante la impotencia de quienes trabajamos en ellas.


Estas palabras podrían ser mías, pero tal como las reproduzco son propiedad de este hombre, Fernando González Urbaneja, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid a la que pertenezco y que ha convocado una concentración para denunciar la alarmante pérdida de empleo de los periodistas en los últimos meses.
En todos sitios cuecen habas, es verdad, pero también es cierto que en este oficio siempre nos toca bailar con la más fea.


Cuando hay vacas gordas repercute en cuatro gatos y la mayor parte de los que se baten el cobre a diario en la calle micrófono o cuaderno en mano, lo hacen con toda suerte de contratos en precario, siempre a expensas de una renovación que cuando llega es a través de una ETT o, como mucho, en forma de contrato por obra.
Ahora encima, después de tanto oir que viene el lobo, llegan las vacas flacas y esto es el acabóse. La cuerda, como siempre, se rompe por la zona más débil y cientos de contratos basura se están convirtiendo durante estos meses en estupendas altas en el Inem por tiempo indefinido.
Que la Asociación de la Prensa de Madrid propugne esta primera llamada de atención(concentración en la explanada del Paseo de la Castellana con Juan Bravo el viernes 13 de febrero) suena a poco. Pero es un primer aldabonazo que consuela porque, a lo mejor ahora que pintan bastos en el oficio periodístico, los currantes de la información deciden unirse para que cuando se caigan los vasos, no derramen siempre el líquido hacia el mismo lado.


J.T.

martes, 20 de enero de 2009

Abrazos laicos al nuevo baranda de la iglesia católica en Sevilla

Me he dejado en el tintero algo que me llamó profundamente la atención en el acto de despedida de Amigo Vallejo que tuvo lugar en la catedral el pasado sábado. Oficialmente era la llegada de su relevo, Asenjo Pelegrino, pero en la práctica era decirle adiós muy buenas al que ha llevado la batuta de los católicos en Sevilla durante los últimos veintisiete años.

¿Qué es lo que me llamó la atención? Pues lo que queda reflejado en esta estupenda foto de mi amigo Eduardo Abad (por cierto que el trato que le dispensaron en la catedral a los fotógrafos mientras hacían su trabajo fue cuando menos humillante: yo en su lugar me hubiera ido).








En esta foto, os contaba, puede verse al consejero andaluz de economía y vicepresidente segundo de la Junta, José Antonio Griñan, de espaldas con los brazos abiertos en el momento en que se dispone a abrazar efusivamente al recién investido.


El abrazo se produce con el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, como testigo de tan irrepetible momento (Monteseirín había saludado a Asenjo tan sólo segundos antes). En la foto de Eduardo puede verse también, tras el altar, al inmolado Amigo presenciando la bajada de pantalones.



Porque que el poder civil -socialistas ambos, para más inri- tenga que subir a un altar a dar la bienvenida a quien, por mucho fasto que le rodee no deja de ser simplemente el delegado de una empresa situada en la jurisdicción de las instituciones locales, provinciales y autonómicas correspondientes, no deja de resultar un anacronismo. Y esto siendo benévolo en el análisis.

Representantes de otras muchas empresas instaladas en Sevilla, que además dan puestos de trabajo, crean riqueza y no dan por culo con problemas morales podrían reclamar similar trato.




Aunque no es santo de mi devoción quiero remarcar aquí lo que Julio Anguita le dijo en su día al obispo de Córdoba y que ayer recordaba en su columna mi compañero Fernando Santiago: "Usted no es mi obispo, le dijo Anguita al prelado, pero yo sí soy su alcalde".

Pues eso.







J.T.

lunes, 19 de enero de 2009

Cuenta atrás para Amigo Vallejo

Me invitaron a la toma de posesión de Juan José Asenjo como nuevo arzobispo de Sevilla y, por supuesto, allí estuve. En la catedral, en el privilegiado lugar que habían tenido a bien reservarme. Estas cosas no se las puede uno perder: más de cuarenta obispos, tres cardenales, el nuncio...

Vistos de cerca, Rouco y Cañizares son dos pitufitos al lado de Carlos Amigo, el todavía baranda titular en Sevilla, aunque por pocos meses. Alto, solemne, digno... Amigo ha sido implacablemente fulminado por el poder que detentan Rouco, Cañizares y compañía: los pitufos le han aplicado la legislación vigente que es la que se aplica, sobre todo, a los que te son indiferentes.







Como Amigo cumple 75 años dentro de unos meses, le han colocado desde ya y con todo el boato un coadjutor para que no le quepa duda de que la jubilación se le aplicará automáticamente.

Juan José Asenjo ha llegado a Sevilla para quedarse con el quiosco de Amigo, quien el mismo día que cumpla 75 años se convertirá como mucho en un provecto capellán de monjitas.



Si Amigo fuera de la cuerda de Rouco y Cañizares, es decir, tan carca como ellos -tampoco pretendo yo aquí tildarlo de progre-, no os quepa la menor duda que no hubiera habido tanta prisa para relevarlo.

Si durante el acto de toma de posesión de su inmediato sucesor Amigo estaba pensando "menuda puñalada me estáis pegando", no se le notó lo más mínimo.

¿Elegancia o demasiado tiempo acostumbrado a poner cara de póker?



J.T.

domingo, 18 de enero de 2009

"El Rey de Algeciras"



Para un periodista, para un contador de historias, Algeciras es uno de los lugares más fascinantes del sur de Europa.Vecinas de Gibraltar y de la costa africana, sus aguas saludan y despiden a cuanto barco entra en el Mediterráneo o sale de él camino del océano Atlántico.

Son también las aguas que bañan Algeciras el cementerio de cientos de esperanzas truncadas: las de tantos seres humanos que intentaron llegar hasta este lado en patera y murieron en el intento.



Los pescadores, los negros y los moros (subsaharianos y magrebíes según lo políticamente correcto), los guardias civiles, la cruz roja, los barcos de salvamento marítimo, los ferries que atraviesan el estrecho en media hora, los contenedores del puerto... forman parte de un paisaje donde la lucha por la vida es demasiadas veces cruel y muchas incluso trágica.



Esto es lo que refleja "El Rey de Algeciras", el espectáculo teatral que se representa estos días en el Teatro Central de Sevilla escrito por Juan Alberto Salvatierra, dirigido por Julio Fraga e interpretado, entre otros, por mi amigo Manuel Monteagudo.



A mí me ha removido las tripas: me ha recordado noches de patrulla con la guardia civil en el agua y en la costa, jornadas en la mar con pescadores acosados por la policía de Gibraltar, rescates de inmigrantes moribundos cuando no ya muertos, olor a petróleo, chapapote, submarinos nucleares averiados...


Entiendo y comparto la ansiedad que transmite la obra. Para los que no conocen nada de lo que se cuece a diario en el campo de Gibraltar, acudir a ver "El Rey de Algeciras" es un excelente comienzo para empezar a entenderlo. Estarán de gira por toda Andalucía hasta el próximo mes de mayo.



J.T.

Los kikos cumplen cuarenta años


Me imagino a Kiko Argüello en su casa por las mañanas, antes e retocarse su peculiar barba de lampiño acomplejado. Me lo imagino maquinando cómo hacer crecer esa máquina llamada "camino neocatecumenal" que puso en marcha en 1968.

Me imagino a Kiko Argëllo cada mañana durante sus abluciones buscando desde primera hora métodos para competir con el Opus que en su día fundara Escrivá, otro visionario, hasta conseguir ganar a "la obra" en los favores papales.

Me imagino a Kiko Argüello, muy de madrugada, eso sí porque tiene toda la pinta de madrugar muchísimo, anotando en un cuaderno ideas para parecer cada día un poco más papista que el papa.


Para quien no sepa de quién se trata, Kiko Argüello es un señor que desde hace cuarenta años pilota una corriente dentro de la iglesia católica de marcado carácter sectario pero que a Wojtila le hizo mucha gracia en su día dado su fuerte perfil conservador y ahora Ratzinger, devenido Benedicto XVI, le ha dado también sus bendiciones.



Este domingo Kiko Argüello ha hecho una demostración de fuerza y ha celebrado en Roma junto a veinticinco mil de los suyos el cuarenta aniversario de lo que él llama el camino neocatecumenal. A sus adictos se les denomina los "neocatecumenales", y familiarmente se les conoce como "los kikos".


En estos cuarenta años a Kiko Argüello y a sus kikos les ha dado tiempo de dominar cinco mil quinientas parroquias en todo el mundo, gestionar cincuenta seminarios y constituir más de veinte mil grupos de incondicionales.


Este domingo Ratzinger les ha dado el espaldarazo con el que Kiko Argüello habría soñado tantas mañanas mientras se retocaba su peculiar barba de lampiño iluminado.

Que el señor en el que dicen creer nos libre de estos iluminados. Si existe, seguro que es lo suficientemente inteligente como para no fiarse de ellos.






Juan Talvez.

viernes, 16 de enero de 2009

Becarias en el Parlamento

Desde primeros de año tenemos en la delegación dos nuevas compañeras: Sara y Clara. Este jueves nos han acompañado a Alberto y a mí al Parlamento Andaluz.



Se celebraba el debate sobre financiación autonómica y aunque en Andalucía, con la mayoría absoluta del Psoe, las sesiones carecen de emoción porque está todo el pescado vendido antes de empezar, quiero reflejar aquí lo que más les llamó la atención a mis compañeras:
Lo que más les llamó la atención a Sara y a Clara fue al "absoluto desmadre" -palabras textuales-que pudieron ver en el hemiciclo por parte de los diputados autonómicos mientras en la tribuna los portavoces iban desgranando las propuestas de resolución: eran muchos los que hablaban, reían, cuchicheaban, iban de un lado a otro, entraban, salían, hacían ruido... Cualquier cosa menos prestar atención a quien, teóricamente, se estaba dirigiendo a ellos.


Acostumbrados como estamos al bullicio quienes acudimos al parlamento con cierta regularidad, acabas por no reparar en lo insólito que resulta este comportamiento de sus señorías hasta que llegan las becarias nuevas y se quedan boquiabiertas.
- Qué poca vergüenza, me decían ¿Y esto es siempre así?.
- Pues sí, chicas. Esto es siempre así.




J.T.